Hace quince años viajé a Siria y a Jordania junto a mi madre, mi hermana y algunos alumnos y exalumnos de Humanidades, compañeros de varios viajes de estudios que organizaba en aquel entonces. En esta ocasión yo no iba en calidad de profesor. Fue un viaje instructivo para todos, con el objeto de captar in situ la historia y la razón de ser de ciudades tan antiguas como Damasco, Alepo, Apamea, Serjilla, Sergiópolis, Palmira, Bosra y Petra, monumentos excepcionales como Krak de los Caballeros, la basílica de San Simeón en Qal’at Sim’an o la Mezquita de los Omeyas de Damasco, y lugares con un legado espiritual sui géneris como Maalula.
También fue una experiencia muy enriquecedora para acercarnos al islam y conectar mejor con la cultura árabe. Nuestros guías, Radwan en Siria y Samir en Jordania, compartieron con nosotros su propia vivencia de la religión musulmana, ayudándonos a saltar por encima de los tópicos y los estereotipos que deforman la realidad.
La madrugada del 6 de marzo de 2011 llegamos a Damasco. En el aeropuerto nos recogió Radwan Doubaa, nuestro guía en este viaje inolvidable. Tras desayunar, nos dirigimos a Maalula, donde conservan la lengua que hablaba Jesús de Nazaret como el mayor de los tesoros y el cristianismo como signo de identidad.
|
|
Monasterio de Santa Tecla. Maalula |
Aquella tarde, Krak de los Caballeros (Wow!) alimentó durante unas horas mi pasión por los castillos. Creo que no me dejé ningún rincón por explorar en uno de los castillos medievales más impresionantes levantados por los europeos de Occidente, y uno de los que conserva mejor su estructura original.

Camino de Alepo, visitamos las ruinas fantasmales de Serjilla, una pequeña ciudad en la que pudimos contemplar arquitectura contemporánea de Hagia Sophia de Constantinópolis.
Mientras
visitábamos las ruinas imponentes de la basílica consagrada a la memoria de
San Simeón Estilita, coincidimos con el rodaje deDedicamos la tarde a explorar el centro histórico de Alepo.
La Ciudadela de Alepo es una fortaleza imponente, posiblemente el mejor ejemplo de la arquitectura militar en territorio árabe. Su único acceso fue proyectado para ser inexpugnable, al ser concebido como una secuencia de puertas en recodo, de tal forma que hacían impracticable el asalto con ariete. Encontramos la misma solución arquitectónica en la Alhambra, en la Puerta de la Ciudad (Bāb al-Medina) -o de las Armas- o en la Puerta de la Justicia (Bāb al-Šarī’a).
A la mañana siguiente, dejamos Alepo y cruzamos el desierto bajo una tormenta de arena. Una jornada complicada...
Nos sumergimos en el laberíntico corazón de Damasco, para percibir la continuidad de nuestra propia civilización a lo largo de milenios. En la planta basilical de la Mezquita de los Omeyas podemos apreciar cómo los conquistadores árabes apreciaron y asimilaron la arquitectura y el arte de los territorios arrebatados al Imperio Romano de Oriente. En los mosaicos que cubren parte de sus muros, reconocemos arquitecturas y motivos vegetales muy parecidos a los que se ven, por ejemplo, en frescos de Pompeya o de Herculano, constatando la continuidad de los talleres de artistas grecorromanos bajo el nuevo régimen islámico.
Las columnas del Templo de Júpiter frente al Zoco Al-Hamidiyah.
Camino de la frontera jordana nos detuvimos en Bosra, donde sus habitantes conviven con las ruinas de la antigua ciudad nabatea y capital de la provincia romana de Arabia Petraea.
Allí pudimos sentarnos en la cavea de uno de los teatros romanos mejor conservados del Imperio, que todavía puede acoger a más de diez mil espectadores. Los árabes convirtieron esta estructura formidable en un castillo, asegurando así su supervivencia durante siglos, camuflada entre muros y bóvedas que los arqueólogos sirios desmontaron a mediados del siglo XX, para recuperar el interior del antiguo teatro.
De nuevo nos encontramos con arquitecturas que tomaríamos por «románicas»; parece un campanario pero es el alminar de la mezquita más antigua de Bosra. Cerca de allí, una ciudadana de Bosra trabaja en un telar como los de hace siglos.
Nuestro guía hispanojordano nos hizo madrugar, pero valió mucho la pena. Fuimos los primeros en cruzar el desfiladero. Después de visitar tantos lugares míticos y mágicos en Siria, no había menguado nuestra capacidad de asombro. A pesar de haberla visto mil veces -en películas y en libros-, cuando llegué al final del desfiladero y descubrí la fachada del «Tesoro», mis ojos reflejaron la intensa emoción de encontrarme en uno de los lugares más mágicos de la Tierra.
En el Cardo Maximo de Petra, camino del «Tesoro» y del desfiladero, en busca de nuestros compañeros de viaje para dirigirnos a Ammán.Pasada la medianoche volamos a Constantinópolis y de allí a Barcelona.
Debo a mi hermana, a Jesús Moreno y a Radwan las fotografías en las que salgo yo. Moltes gràcies!





















































